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En el sistema de justicia penal, la competencia mental de un acusado es un factor crítico que puede determinar el curso y el resultado de un caso. Un acusado debe tener la capacidad mental para entender los cargos en su contra, asistir en su defensa y participar en el proceso del juicio.

Más Allá del Código

El jueves pasado, en un juzgado de familia, dos abogados presentaron sus casos sobre custodia de menores. Ambos citaron el mismo artículo del código civil. Ambos aportaron documentos impecables. Pero solo uno ganó. La diferencia no estuvo en el dominio del derecho, sino en comprender lo que el código no dice: que detrás de cada caso de familia hay una maraña de emociones, lealtades invisibles, triángulos relacionales y patrones de conducta que ningún artículo legal puede capturar.

Imaginemos a Elena, abogada con doce años de experiencia en derecho civil, enfrentando su primer caso de custodia. Tiene el código memorizado. Conoce la jurisprudencia. Pero cuando el perito psicólogo menciona «triangulación parental» en su informe, Elena no comprende que se refiere a un patrón donde el hijo es instrumentalizado como mensajero o árbitro entre sus padres. No entiende que este dato, invisible en el código, es determinante para el tribunal. Pierde el caso ante una abogada más joven que, aunque conoce menos precedentes, entiende que en familia el articulado es solo el veinticinco por ciento de la ecuación.

La Falacia del Código Suficiente: Cuando el Derecho No Basta

En derecho de familia existe una paradoja devastadora: mientras más te aferres exclusivamente al código legal, menos efectivo serás. La experiencia chilena, documentada en estudios sobre justicia familiar, demuestra que en el contexto de un conflicto jurídico familiar el componente legal del debate es menor y usualmente no es la parte preeminente de la discusión, sino que la dimensión emocional e interdisciplinaria del conflicto tiene mucha más relevancia para la resolución del caso.

Esta realidad genera una situación curiosa: incluso algunos abogados especializados en familia se refieren a esta área como «no es derecho», reforzando un prejuicio que en realidad revela una verdad incómoda. El derecho de familia opera en la intersección entre norma jurídica y realidad psicosocial. Desconocer esta segunda dimensión es como intentar navegar con solo la mitad de un mapa.

Las dinámicas familiares, según la literatura especializada, son los patrones de conducta y los valores que determinan cómo los miembros de una familia interactúan en convivencia. Estas dinámicas impactan en el bienestar psicológico y emocional de cada integrante, aportando modos de afrontar conflictos, solventar problemas y comunicar emociones. Cuando hablamos de familias, estamos hablando de un grupo de personas que se relacionan de manera desigual, donde el poder es asimétrico, y donde no existe amor y comprensión todo el tiempo.

Para tomar decisiones en casos de custodia disputada, cada vez resulta más necesario que los tribunales cuenten con evaluaciones psicológicas y sociofamiliares de las relaciones paternofiliales. Estos dictámenes técnicos aproximan a los operadores jurídicos a las dinámicas personales y familiares que se establecen, haciendo emerger el superior interés del menor. Sin comprender estas dinámicas, el abogado opera a ciegas.

El Código No Explica: Triangulaciones, Alianzas y Roles Invertidos

Cuando una pareja se separa, no solo se disuelve un vínculo legal. Se reorganiza un sistema completo de relaciones donde los hijos frecuentemente quedan atrapados. En la literatura sobre dinámicas familiares se identifican patrones críticos que ningún artículo del código civil menciona, pero que determinan el resultado de un litigio.

Las triangulaciones ocurren cuando un menor es situado dentro de un sistema familiar en conflicto de alianzas. El niño se convierte en mensajero entre padres que no se hablan, en confidente de secretos que no debería cargar, o en árbitro forzado a tomar partido. La adaptación de los hijos al nuevo escenario depende sobre todo de las respuestas de los progenitores a ese estrés, generándose en múltiples ocasiones triangulaciones y alianzas, distanciamientos, interferencias y rechazos.

Las inversiones de roles son otro fenómeno crítico. En familias disfuncionales, los roles familiares a menudo se distorsionan: un niño puede tener que asumir el papel de cuidador de sus hermanos o incluso de sus padres. Esta inversión provoca sentimientos de estrés y ansiedad en los niños que ningún juez podrá detectar leyendo solo las demandas, pero que emergen claramente en un peritaje psicológico competente.

La comunicación familiar, asumida en la literatura como el intercambio de información y afectos que se hace de manera verbal y no verbal, puede ser directa cuando se basa en la manifestación clara de acuerdos y desacuerdos, generando unión entre los implicados incluso en situaciones de tensión. Pero también puede ser indirecta, evasiva o manipuladora. El abogado que no comprende estos patrones comunicacionales no podrá detectar cuando un testimonio es coherente o cuando refleja adoctrinamiento.

El Error Clásico: Prepararse para un Juicio de Derecho en un Conflicto Psicológico

Situaciones que podrían ser resueltas de mutuo acuerdo entre las partes, como las custodias, las cuotas de alimentos y el régimen de visita, en ocasiones se convierten en batallas campales entre los padres, cobrándose cuentas sentimentales pendientes y «luchándose» a los hijos como si fuesen botines de campaña. No importa cómo, con tal de ganar, solo pensando en hacerse daño y cobrar venganza.

Esta dinámica destructiva es invisible para el abogado que solo maneja el código. Ve documentos, argumentos legales, precedentes. No ve el odio, el miedo, la culpa, el duelo no procesado, el trauma. Y al no verlo, no puede anticipar cómo la contraparte lo utilizará. No puede desactivar las bombas emocionales que explotarán en la sala de audiencias. No puede proteger adecuadamente a su cliente.

Los litigios familiares suelen estar cargados de emociones complejas: estrés y ansiedad por la separación o el divorcio, conflictos de lealtad entre padres e hijos, rencor y resentimiento acumulados. La mediación y otras formas de resolución de conflictos han reconocido que estas emociones deben ser abordadas constructivamente, no ignoradas como si fueran irrelevantes para el proceso legal.

Un abogado de familia debe aprender que su papel no se limita solamente a preparar la demanda correspondiente y asistir a su cliente en el juicio, sino que va mucho más allá, convirtiéndose en un asesor del cliente durante todo el proceso. Este sector del derecho requiere de una sensibilidad especial y del desarrollo de habilidades emocionales tan importantes como la empatía, la capacidad de escucha activa y la negociación.

Detectar los Errores de la Contraparte: La Ventaja del Conocimiento Interdisciplinario

Aquí radica la ventaja estratégica devastadora: el abogado que comprende dinámicas familiares puede detectar errores que su contraparte comete sin saber. Puede identificar cuando un informe pericial es superficial o cuando ignora señales críticas. Puede formular preguntas en el contrainterrogatorio que revelen inconsistencias invisibles para quien solo lee el código.

Por ejemplo, si la contraparte presenta un caso basado en la supuesta estabilidad emocional de su cliente para obtener custodia, pero el abogado conocedor de dinámicas familiares detecta en el expediente señales de autoridad autocrática (caracterizada por el uso de castigo físico o verbal, que puede dificultar la forma de relacionarse entre los miembros de la familia), puede construir una línea de interrogatorio que desmorone toda la estrategia adversaria.

Los estudios sobre familias monoparentales con jefatura femenina documentan que las madres cabeza de familia suelen ejercer autoridad de forma autocrática, que se caracteriza por el uso de castigo físico o verbal, especialmente ante la ausencia del padre o el incumplimiento de funciones de cuidado y formación, generando vacíos afectivos en hijos e hijas y recarga en la mujer. Este conocimiento permite al abogado formular estrategias más sofisticadas que simplemente citar el artículo sobre patria potestad.

Similarmente, comprender fenómenos como el rechazo filioparental que puede tener diversas causas, no solo manipulación de un progenitor, permite evitar argumentaciones simplistas que un juez informado rechazará. El fenómeno del rechazo de un hijo hacia un progenitor es complejo y multicausal, requiriendo evaluación cuidadosa de factores que incluyen pero no se limitan a la conducta del progenitor alienante, la del progenitor rechazado, y las características propias del menor.

El Superior Interés del Menor: Concepto Jurídico, Realidad Psicológica

El principio de favor filii o favor minoris se consagra como principio superior que debe presidir cualquier medida concerniente al menor. Este principio, recogido en la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, exige que todas las medidas adoptadas por instituciones y organismos públicos y privados concernientes a menores atiendan al interés superior de estos.

Pero, ¿cómo determinar ese interés superior? El código no lo especifica con detalle porque no puede: cada caso es único. El interés del menor se concreta en la esfera personal, familiar y social del niño, requiriendo comprensión profunda de su situación emocional, sus vínculos afectivos, su desarrollo evolutivo, sus necesidades específicas.

Un abogado que no entiende las etapas del desarrollo infantil, los efectos del trauma en menores, las señales de ansiedad o depresión infantil, o cómo los niños procesan el divorcio según su edad, no puede argumentar efectivamente sobre el superior interés del menor. Estará citando el principio como un mantra vacío, mientras su contraparte informada construye un caso robusto basado en realidades psicológicas concretas.

La Transformación Necesaria: Del Abogado Legalista al Profesional Interdisciplinario

El abogado de familia del siglo veintiuno debe ser, por necesidad, interdisciplinario. Esto no significa convertirse en psicólogo o trabajador social, pero sí implica adquirir formación básica en estas áreas. Significa leer informes periciales no como documentos místicos incomprensibles, sino como herramientas que puede evaluar críticamente, cuestionar cuando sea necesario, y utilizar estratégicamente.

La formación interdisciplinaria permite detectar cuando un peritaje es deficiente o sesgado. Permite formular preguntas específicas a peritos. Permite explicar al cliente dinámicas complejas de manera que comprenda no solo qué dice la ley, sino por qué el tribunal tomará determinada decisión considerando factores extralegales que son, paradójicamente, profundamente relevantes para la aplicación de la ley.

Esta transformación no es opcional. Los tribunales cada vez más dependen de equipos psicosociales para resolver casos de familia. Los jueces buscan esos informes técnicos que les aproximan a las dinámicas personales y familiares. El abogado que no habla ese lenguaje, que no comprende esos conceptos, que no puede dialogar efectivamente con esa evidencia, está desarmado en la sala de audiencias.

La Realidad Incómoda: Ganar el Caso Legal Pero Perder al Cliente

Existe una dimensión adicional frecuentemente ignorada: incluso si ganas el caso en términos estrictamente legales, puedes perder profundamente si no comprendes las dinámicas familiares. Una resolución judicial que técnicamente favorece a tu cliente pero que ignora realidades emocionales complejas puede generar un resultado pyrrhico: formalmente ganaste, pero la situación se agrava, el conflicto se intensifica, y tu cliente termina peor que antes.

Ser conscientes de que la lucha encarnizada entre padres no deja más que profundas afectaciones emocionales y psicológicas en los hijos resulta siendo un llamado a cesar. El abogado que comprende esto puede aconsejar a su cliente sobre cuándo insistir y cuándo negociar, cuándo litigar y cuándo mediar, no solo desde una perspectiva de probabilidades de éxito legal, sino desde una comprensión del costo emocional y el bienestar familiar a largo plazo.

La Síntesis: El Derecho de Familia como Ciencia y Arte

El derecho de familia exitoso requiere el dominio simultáneo de dos dimensiones: la técnica legal y la comprensión humana. El código civil, los precedentes, la doctrina, son herramientas necesarias pero insuficientes. Sin la capacidad de entender y navegar las dinámicas familiares complejas, triangulaciones, alianzas, inversiones de roles, patrones comunicacionales disfuncionales, y realidades emocionales profundas, el abogado de familia está luchando con la mitad de su arsenal.

La ventaja competitiva definitiva en esta área del derecho no es tener más jurisprudencia memorizada, sino poder mirar un expediente y ver lo que no está escrito: las lealtades invisibles, los miedos no expresados, las dinámicas de poder soterradas, los patrones relacionales destructivos. Ver eso permite detectar los errores de la contraparte cuando construyen argumentos que ignoran estas realidades. Permite formular estrategias que resuenan con lo que el tribunal, informado por peritos psicosociales, realmente valorará.

En derecho de familia, el código es el suelo, pero las dinámicas familiares son el edificio completo. Quien domina solo el código puede caminar, pero quien comprende las dinámicas puede volar. Y en una sala de audiencias donde se decide el futuro de niños reales con emociones reales en familias reales con problemas reales, la capacidad de volar marca la diferencia entre ganar y perder, entre ayudar verdaderamente a tu cliente y simplemente procesar papeles.

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