La evaluación psicológica forense en casos de presunto abuso sexual infantil constituye una herramienta científica fundamental para el esclarecimiento judicial, particularmente cuando se presentan situaciones complejas que involucran múltiples alegaciones y antecedentes de victimización. El presente documento examina los fundamentos empíricos que justifican la necesidad de dicha evaluación, considerando tanto la protección integral de la menor como las garantías procesales constitucionales del imputado, con especial atención a la experiencia desarrollada en España y Latinoamérica.
Marco Teórico: Trauma Complejo y sus Manifestaciones
El trauma complejo, conceptualizado inicialmente por Herman (1992) en su trabajo seminal sobre el síndrome en supervivientes de trauma prolongado y repetido, se refiere a las consecuencias psicológicas de exposiciones repetidas y prolongadas a eventos traumáticos, especialmente durante períodos críticos del desarrollo. Herman establece que, a diferencia de un evento traumático único, el trauma prolongado y repetido puede ocurrir únicamente cuando la víctima se encuentra en estado de cautiverio, bajo el control del perpetrador. Este concepto ha sido posteriormente desarrollado por van der Kolk (2014) en su análisis sobre cómo el trauma reshapes literalmente tanto el cuerpo como el cerebro, comprometiendo las capacidades de las víctimas para el placer, el compromiso, el autocontrol y la confianza.
Los menores que han experimentado múltiples episodios de victimización desarrollan alteraciones significativas en la regulación emocional, manifestando dificultades para modular sus respuestas afectivas ante situaciones percibidas como amenazantes. Estas alteraciones se acompañan de distorsiones cognitivas que afectan la percepción de la realidad y las relaciones interpersonales, así como síntomas disociativos que pueden comprometer la coherencia y precisión de sus relatos.
Particularmente relevante es el fenómeno de transferencia traumática hacia terceras personas, donde las víctimas pueden proyectar experiencias traumáticas previas hacia figuras percibidas como amenazantes en su entorno actual. La investigación ha demostrado que el trauma previo puede generar confusión temporal y de identidad del agresor, fenómeno explicado por los mecanismos psicológicos de transferencia y desplazamiento (Herman, 1992). Este proceso psicológico explica cómo una menor que ha sufrido abuso por parte de su padrastro puede posteriormente transferir estas experiencias traumáticas hacia otras figuras masculinas en su entorno, como compañeros de colegio o familiares como su tío, independientemente de la participación real de estas personas en actos abusivos.
Investigación en Falsas Alegaciones y Credibilidad del Testimonio
La investigación científica sobre falsas alegaciones en contexto de trauma, desarrollada por investigadores como Bruck y Ceci (2004) en su análisis sobre psicología forense del desarrollo, establece que las alegaciones falsas pueden coexistir con experiencias reales de abuso sexual. Estos autores identifican cuatro conceptos erróneos comunes en el campo forense, incluyendo los patrones de divulgación de niños sexualmente abusados, la naturaleza de las entrevistas sugestivas, las diferencias del desarrollo en sugestionabilidad, y la cantidad de sugestión requerida para producir reportes y creencias falsas.
Este fenómeno no implica necesariamente intencionalidad maliciosa por parte de la menor, sino que puede reflejar procesos psicológicos complejos donde memorias traumáticas auténticas se asocian erróneamente con figuras percibidas como amenazantes en el contexto actual de la víctima. London et al. (2008) en su revisión de la literatura contemporánea sobre cómo los niños reportan abuso sexual, encontraron que los hallazgos metodológicos tienen implicaciones significativas para los entrevistadores forenses.
Contribuciones de la Investigación Española y Latinoamericana
La investigación española realizada por Juárez (2004) en la Universidad de Girona sobre la credibilidad del testimonio infantil ante supuestos de abuso sexual, constituye una referencia fundamental en el ámbito iberoamericano para comprender las complejidades del testimonio infantil en contextos forenses. Este trabajo realiza un estudio crítico del Sistema de Análisis de Validez (SVA) y los Criterios de Análisis de Contenido Basado en Criterios (CBCA), señalándolos como los instrumentos psicométricos más frecuentemente utilizados en España y propios del ámbito forense.
La experiencia latinoamericana ha demostrado resultados alentadores en este campo. Según investigaciones recientes compiladas entre 2018 y 2023, la evaluación psicológica forense en los últimos años ha obtenido un papel importante como recurso de investigación en los casos de abuso sexual infantil, debido a que con la misma se han podido corroborar más la existencia de los mismos. Se ha corroborado que existe un mejor estilo de afrontamiento de los casos de abuso sexual infantil en Latinoamérica con la utilización de la evaluación psicológica forense, ya que existen instrumentos válidos para obtener resultados confiables. A pesar de que existan limitaciones en la evaluación psicológica forense, se sigue dando validez a la misma debido a que posee teorías sólidas y argumentos científicos.
En Latinoamérica, las estadísticas sobre abuso sexual infantil muestran que el sexo femenino supera en gran medida al masculino, entre las edades de 3 y 12 años, y estos abusos son provocados por familiares o conocidos de las víctimas. Esta realidad epidemiológica subraya la importancia de contar con herramientas de evaluación que permitan distinguir entre casos auténticos y aquellos que pueden reflejar transferencia de traumas previos hacia nuevas figuras.
Análisis de Validez de Declaraciones y Metodología Científica
Respecto a la credibilidad del testimonio infantil, el desarrollo del Análisis de Validez de Declaraciones (SVA) por Udo Undeutsch y posteriormente refinado por Max Steller, así como los Criterios de Análisis de Contenido Basado en Criterios (CBCA) desarrollados por Köhnken, ha demostrado que la evaluación especializada permite identificar indicadores específicos de veracidad versus fabricación en los relatos de menores. En España, Manzanero (1996) desarrolló importantes contribuciones al análisis del testimonio de menores víctimas de abuso sexual, estableciendo que los delitos sexuales contra menores generalmente tienen como característica principal la ausencia de evidencias objetivas, por lo que las declaraciones de la víctima y el agresor suelen constituir la única prueba, haciendo imprescindible el análisis de credibilidad. Estudios más recientes han demostrado que es preferible el uso de preguntas abiertas en el contexto forense, así como reducir la confianza en las preguntas enfocadas (Lamb et al., 2000).
Sin embargo, Juárez (2004) señala que la relación entre casos detectados como convincentes y los puntajes del CBCA no es suficientemente significativa a nivel estadístico como para apoyar opiniones sobre la veracidad de un relato individual basados únicamente en los puntajes del CBCA. Estos instrumentos científicamente validados permiten analizar la coherencia interna del relato, evaluar la capacidad cognitiva del menor para fabricar narrativas complejas y determinar la posible influencia de factores externos como sugestión o entrenamiento deliberado.
Justificación Científica para la Evaluación
La justificación científica para realizar la evaluación psicológica se fundamenta en la necesidad imperativa de establecer una diferenciación diagnóstica precisa. Es esencial determinar si nos encontramos ante memorias traumáticas auténticas, transferencia de experiencias traumáticas previas hacia nuevas figuras, confusión en la identificación del agresor real, o desarrollo de falsas memorias mediante procesos de autosugestión o inducción externa.
Los resultados de investigaciones españolas analizando 77 informes sobre menores derivados a un servicio para el diagnóstico y tratamiento de abusos sexuales en la provincia de Castellón muestran que hay más niños en el grupo de abuso confirmado que viven en familias con graves problemas de relación y/o drogodependencias y que tienen sentimientos negativos hacia el presunto perpetrador. En los casos confirmados, era más probable que la víctima fuera quien reportara el abuso y mostrara comportamiento sexualizado o conocimiento sexual inapropiado para su edad (Pereda & Forns, 2006).
Esta diferenciación únicamente puede realizarse mediante instrumentos científicos especializados y análisis clínico forense riguroso. El análisis de patrones conductuales constituye otro elemento fundamental de la evaluación, permitiendo identificar la consistencia versus inconsistencia en múltiples alegaciones realizadas por la menor.
Ausencia de Revictimización en Evaluación Especializada
Contrariamente a los argumentos sobre revictimización, la evaluación psicológica adecuadamente realizada constituye un mecanismo de protección integral de la menor. Como establecen Juárez y Lira (2020) en su análisis sobre buenas prácticas y desafíos ético-deontológicos, la evaluación psicológica forense del maltrato y del abuso sexual ha sido abordada prioritariamente desde una perspectiva técnico-metodológica, y los aspectos ético-deontológicos implicados comienzan gradualmente a integrarse como una dimensión relevante de la práctica profesional.
La evaluación psicológica forense moderna emplea metodologías científicamente validadas que no implican revictimización cuando se realizan correctamente. Las técnicas contemporáneas incluyen análisis detallado del contenido de declaraciones previas mediante criterios científicos establecidos, evaluación neuropsicológica especializada para determinar capacidades cognitivas relevantes y observación conductual estructurada utilizando protocolos estandarizados.
Como establecen Scott et al. (2014) en su análisis de la admisibilidad en contextos forenses de indicadores clínicos para la detección del abuso sexual infantil, existen serias limitaciones para detectar abuso sexual infantil en la utilización de indicadores clínicos que han surgido del contexto sanitario y asistencial. Manzanero ha sido pionero en España en señalar estas limitaciones metodológicas, estableciendo que las dos áreas de exploración pericial psicológica en supuestos de abuso sexual infantil son el análisis del testimonio aportado por el menor en relación a los hechos denunciados y la valoración del posible daño psíquico derivado de dicha situación.
Necesidad Específica en Casos de Patrones Múltiples
La necesidad de evaluación psicológica se intensifica particularmente en casos donde existe un patrón observable de múltiples alegaciones dirigidas hacia diferentes figuras. Cuando una menor presenta un historial de acusaciones previas contra su padrastro, posteriormente contra un compañero de colegio, y ahora contra su tío, surge la necesidad científica imperativa de determinar si este patrón refleja victimización real repetida, transferencia de trauma previo hacia figuras percibidas como amenazantes, o desarrollo de patrones conductuales disfuncionales que requieren intervención terapéutica especializada.
Es fundamental distinguir la evaluación psicológica del proceso judicial ordinario. La evaluación no implica interrogatorio confrontativo por parte de abogados, cuestionamiento directo de la credibilidad mediante técnicas adversariales, exposición pública del menor, o revivencia traumática de los eventos mediante relatos repetitivos. Por el contrario, proporciona un marco científico objetivo, análisis profesional especializado basado en evidencia empírica, recomendaciones terapéuticas fundamentadas y información técnica para facilitar la toma de decisiones judiciales informadas.
Protocolo Holístico de Evaluación de la Prueba Testifical (HELPT)
Manzanero y González (2015) desarrollaron el Protocolo Holístico de Evaluación de la Prueba Testifical (HELPT), que representa un avance significativo en la evaluación forense al adoptar un enfoque integral que considera todos los posibles factores de influencia sobre la exactitud de las declaraciones: factores de codificación, de retención y de recuperación. Este protocolo se enmarca en una aproximación holística donde se identifican aspectos relevantes como la capacidad para testificar de las víctimas (considerando procesos cognitivos de atención, percepción, memoria y lenguaje), las características específicas del delito, los antecedentes del hecho evaluado y sus consecuencias, y otros factores que pudieran afectar la calidad y exactitud de las declaraciones e identificaciones.
El método HELPT contempla procedimientos específicos de análisis exhaustivo de los expedientes y de formulación y contrastación de hipótesis, evaluación de la competencia para testificar, y obtención de las declaraciones. Este protocolo resulta particularmente valioso en casos complejos donde existen múltiples alegaciones, ya que permite evaluar sistemáticamente factores como el número de veces que la víctima tuvo que contar lo ocurrido, los métodos empleados para obtener el relato y las posibilidades de sugestión.
Metodología de Evaluación Propuesta
Los objetivos específicos de la evaluación incluyen la determinación de la capacidad cognitiva de la menor para distinguir entre realidad y fantasía, análisis científico de consistencia entre múltiples declaraciones realizadas en diferentes momentos y contextos, identificación de factores de influencia externa o procesos de sugestión, determinación de patrones psicológicos asociados a trauma genuino versus patrones aprendidos o inducidos, y evaluación de motivaciones conscientes e inconscientes que puedan influir en las alegaciones.
La metodología propuesta comprende tres fases diferenciadas. La fase inicial involucra revisión exhaustiva de documentación, incluyendo análisis detallado de todas las declaraciones previas realizadas por la menor, revisión de historiales médicos y psicológicos disponibles, y evaluación comprehensiva del contexto familiar y social. En el contexto forense, la recolección de información proveniente de terceras partes, tal como la revisión de expedientes médicos, judiciales, educativos, así como la entrevista a víctimas, testigos o parientes, es una característica central de la evaluación forense que la distingue de la evaluación terapéutica tradicional (Heilbrun et al., 1994).
La segunda fase comprende evaluación directa no invasiva, mediante entrevista semi-estructurada utilizando protocolos validados científicamente, aplicación de instrumentos psicométricos específicamente diseñados para evaluación forense infantil, y evaluación neuropsicológica para determinar capacidades cognitivas relevantes.
Para la evaluación de los problemas emocionales se dispone de instrumentos que evalúan un amplio espectro de alteraciones, especialmente aquellos que hacen referencia a la valoración de la sintomatología relacionada con el estrés postraumático, la depresión o la ansiedad. El Trauma Symptom Checklist-Alternative Version (Briere, 1996) constituye una herramienta validada científicamente para la evaluación de estrés postraumático y sintomatología asociada en niños con edades comprendidas entre los 8 y los 16 años, frecuentemente utilizado en menores con antecedentes de maltrato.
Consideraciones Éticas y Deontológicas
Los estándares internacionales, incluyendo las Reglas de Brasilia sobre Acceso a la Justicia de las Personas en Condición de Vulnerabilidad y las Directrices de las Naciones Unidas sobre la Justicia en Asuntos concernientes a los Menores Víctimas y Testigos de Delitos, establecen que la protección efectiva de menores incluye la garantía de que las decisiones judiciales se fundamenten en evaluaciones técnicas adecuadas y científicamente válidas.
La jurisprudencia internacional ha establecido precedentes significativos, determinando que la negativa judicial para autorizar evaluaciones especializadas puede constituir vulneración del derecho fundamental de defensa, inadecuada protección del interés superior del menor como principio rector, y fundamentación insuficiente de decisiones judiciales en evidencia científica disponible.
Conclusiones
Las conclusiones técnicas establecen que la evaluación psicológica forense es científicamente necesaria para determinar la naturaleza específica de las alegaciones en casos complejos caracterizados por múltiples denuncias dirigidas hacia diferentes figuras. La metodología científica especializada no constituye revictimización cuando se implementa correctamente, sino que proporciona un marco protector y objetivamente fundamentado.
La ausencia de evaluación especializada puede resultar en decisiones judiciales carentes de fundamentación científica adecuada, mientras que el patrón de múltiples denuncias requiere necesariamente análisis especializado para determinar si refleja victimización auténtica repetida, transferencia de trauma previo hacia figuras percibidas como amenazantes, o desarrollo de patrones conductuales que requieren intervención terapéutica.
Las recomendaciones incluyen la autorización judicial inmediata para evaluación psicológica especializada, designación de profesional con formación específica acreditada en trauma infantil y psicología forense, establecimiento de protocolo riguroso de protección durante todo el proceso de evaluación, implementación de programa terapéutico especializado para la menor basado en hallazgos científicos, seguimiento del caso por equipo interdisciplinario calificado, y evaluación comprehensiva de dinámicas familiares y factores de riesgo presentes.
